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Buscando la verosimilitud del
dintorno, de un tiempo que se cerró en la bisagra del siglo, las
páginas frágiles y amarillentas de los viejos periódicos aún
despuntan en un correlato ilustrativo, la noción de lo que fue.
A estas intenciones entre curiosas crónicas emerge un punto inicial
para hurgar con óptica libre el pueblo de antaño, rescatando
alusiones del ambiente originario y los caracteres coetáneos.
Condicionadas por los límites que la naturaleza impuso, donde las
distancias se aquerenciaron a los silencios y la idealización del
progreso se confundió con la abstracción de la duda, el vecindario
apretado al caserío y la áspera seducción del puerto, fueron
dibujando una vida costumbrista significativa, abrazada al telón de
infinitas leguas, mientras el trabajo con las manos en la tierra, se
entendieron despertando sentimientos.
La campaña militar de 1879, sirvió de señuelo para tender una
bandeja improvisada de ilusiones al melancólico inmigrante, que
terminó aceptándola en audaz patriada, buscando un rincón donde
aferrarse correteando entre la milicia y el gauchaje por la gran
tienda fronteriza, afrontando un destino aferrado a lo imprevisible
y lejos de todo.
Separadas por el río Negro, Carmen de Patagones y Viedma herederas
de un cruce de de circunstancias históricas, el naciente cambio del
país las sorprendió entre la expedición del desierto y el drama del
indio vencido, queriendo despedir lo rústico en una apuesta con el
desarrollo, mientras la organización territorial ensayaba sus
aptitudes en la geografía patagónica.
El periodismo primigenio con patente local, irrumpía en la población
como producto de los nuevos tiempos, trayendo realidades,
satisfaciendo curiosidades y examinando con opinión conciliatoria y
a veces tumultuosa, el temperamento político y administrativo de
turno, en una sociedad donde el pasado era aún autobiográfico e
inmerso, en modalidades propias.
Vestido de semanario o gacetín, con precarias páginas, la prensa de
los primeros años crecería para encontrarse con el compromiso,
reflejando a su manera las falencias gubernamentales, el caudillaje
local, el arrabal presuntuoso y el cuestionamiento sincerado de un
lento progreso plagado de promesas.
El problema educacional encrucijada de deserción y desinterés,
fueron prédica para encontrar soluciones y las postulaciones
liberales y clericales, tomaron sus posiciones impregnadas de
advertencias y discursos orientadores.
Las noticias venidas del norte con sabor porteño, se imprimieron en
columnas preferenciales y las internacionales encontraron espacio,
apenas compitiendo con los diarios fuertes de la capital
cosmopolita, que solían llegar al puerto de Patagones con una
providencial quincena de retraso.
Modelo de una época, los periódicos cedieron algunas columnas al
intervalo literario y didáctico, con un lugar para el noviciado de
poetas domésticos, amparados por el seudónimo de una bohemia
incipiente pero nunca ausente.
Por suscripción o al mostrador de imprenta, los ejemplares ganaban
las calles a precio de centavos, en tirada diurna y semanal,
panfleteando noticias y arrobando ideas al curioso adquirente,
displicente a los lectores de perfil y opinólogos pedestres, en la
quieta vida del pueblo material de 1879 y años sucesivos.

El tipo de preferencias en el
ejercicio de la lectura inclinaban por aquéllos años, una balanza
marcadamente favorable a los periódicos, mientras el sonoro portazo
del pensamiento positivista, hacia rodar las viejas ideas y el
advenimiento del proyecto modernista acompañando el proceso
administrativo nacional, se cubría de un telón europeizante copiando
modelos del progreso en el viejo mundo.
La prensa daría paso a la industria cultural, alineando autores con
el protagonismo de escritores y poetas concienzudos, por una nueva
Argentina y otros impregnados de estilo y tinta redentora, buscando
restaurar los colores auténticos del país genuino y tradicionalista.
Grupos que harían punta en las redacciones, acompañando con oficio
la actividad periodística, prestigiando las secciones afianzadas por
la efectividad del talento.
El periodismo apuraría su punto de fractura, dejando de ser
exclusivamente un diarismo patrimonial de los partidos políticos
exacerbados por el ruido de la militancia, pero aún sin perder
connotaciones y tendencias, se encolumnarían definitivamente en la
opinión, la información y el eco popular.
Con un Congreso Nacional en el pináculo de los grandes momentos en
hombres y pensamientos, los temas parlamentarios imperarían en la
sección política, cronicando un tiempo irrepetible de debates
enfundados en el espectáculo de la oratoria. Permitiendo que el
heterogéneo público lector asumiera a través del texto efectivo y el
comentario, un verdadero status de ser - opinión pública -
ejercitando en la tertulia cotidiana, la coincidencia o la
discrepancia con sabor republicano.
A fines de 1881, existían en el país más de 165 periódicos, pulsando
las calles en ediciones matutinas y vespertinas, a diario o
semanalmente, en mano o por suscripciones.
Buenos Aires contaba con 40 imprentas de mayor o menor tamaño y los
tipógrafos (inolvidables cajistas) alcanzarían preponderancia en el
cosmopolitismo asalariado, en un oficio solícito y bien remunerado.
El papel importado para las impresiones dejaría de ser un elemento
costoso, cuando la papelera La Argentina con fábrica en el pueblo de
Zárate, lanzó los primeros rollos industria nacional, y para 1882 un
peso pesado del periodismo convocante, La Prensa fundada por José C.
Paz en 1869, adquiría maquinaria europea Marinoni, dejando
boquiabierta a la competencia.
La tecnología de las comunicaciones, incorporaba el servicio
telegráfico con Europa a través de la agencia Havas y posteriormente
el Telegráfico Andino en un nexo regional, despachaba con eficiencia
una cabalgata de noticias, que los periódicos imprimían
satisfaciendo la demanda de los lectores.
Varios fueron los diarios que ostentaron un copete tradicional
impuesto por los años y que fueron perdiendo vigencia, oscurecidos
por las flamantes noveles corrientes de la prensa, quedando en la
memoria y en las páginas de los archivos vernáculos.
Adelantados a su propia época, surge en justa añoranza, El Nacional
fundado en 1852, con dos exitosas ediciones diarias, siempre apegadas
a la sobremesa del café noctámbulo como ingrediente de la tertulia
política.
En sus columnas colaboraron Mitre, Vélez Sarsfield y Pellegrini;
Alberdi en forma seriada publicó sus Bases y Sarmiento las Cartas
contra Urquiza. El Nacional cerró definitivamente su historial en
1893.
Y así entre gustos y preferencias circularon por la gran metrópoli,
La Tribuna de los Varela por treinta años, con placa de fundación en
1853. La Unión, un esfuerzo de Santiago de Estrada, Emilio Lamarca,
Navarro Viola y Alejo de Nevares, inclinados por la problemática
educacional y portavoz de las letras y el movimiento teatral.
El Censor de Belin Sarmiento, La Voz de la Iglesia, Fígaro y
Sudamérica figurando en su prolífica redacción Paul Groussac y Lucio
V. López; El Diario de Manuel Mujica Laínez, The Standard con espíritu
anglófilo, La Prensa de los Paz y La Nación de Bartolomé Mitre
sustituyendo a partir de 1870, La Nación Argentina, el periódico de
los Gutiérrez, entre tantos otros con variadas suertes.


Orgulloso decano de la prensa
patagónica, fundado en el pueblo Viedma por los hermanos Julio y
Bernardo Guimaraens, ganó las calles con la presentación de su
primer número dominical, el día 15 de junio de 1879.
Con el tiempo ganaría consenso buscando la certidumbre a través de
la noticia, en un estilo informal pulsando los avatares de la época
y soportando alguna advertencia política, durante la gestión del
gobernador Álvaro Barros. Suficientemente convocante para que el
periódico y sus propietarios emprendieran un forzado éxodo a la
orilla opuesta, radicándose una temporada en Carmen de Patagones.
Anecdóticos días, cuando el Semanario por carencia de partidas de
papel blanco, imprimieron la edición en color celeste y otras en
rosado. No menos conflictivo fue la recurrente ausencia del
tipógrafo, que hizo de la premura acostumbrada en la redacción, la
demora como vocación circunstancial, entre tirajes irregulares y
excesivamente atrasados.
Los Guimaraens continuaron al frente del periódico hasta el número
390, con fecha l8 de abril de 1880, alejándose definitivamente con
rumbo a Bahía Blanca . Concluida la generación fundante,
imprenta y semanario formaron parte de una Sociedad Anónima, con la
dirección del joven vecino y procurador César Vuillermet,
reapareciendo El Río Negro en Viedma, con la presentación auspiciosa
del número 40, fechado el 25 de abril de 1880 y continuando hasta el
13 de marzo de 188l.
Ausente por más de un año, volvería a encontrarse con el público
lector, el 4 de junio de 1882, siempre bajo la conducción de
Vuillermet, en una segunda época, hasta el cierre definitivo el 25 de
mayo de 1883.
Desde aquéllas modestas páginas abriendo camino a la prensa
territorial, emergen en una lectura minuciosa, invalorables
editoriales donde perduran testimoniales, acontecimientos y nombres
ligados indefectiblemente al pasado de la región, con sus
compromisos, realidades y conflictos.
En la sucesión de los años, aparecerían otros periódicos de mayor o
menor vigencia en ambos pueblos, encolumnados tras el suceso del
pionero Río Negro de los Guimaraens.
Fueron de la partida, El Eco de Patagones de Vuillermet en 1881, El
Independiente de Diego López y luego La Razón, con apenas algunos
números.
Aparece en 1882, El Combate de Domingo Pita, el semanario La
Patagonia en 1883 del incansable César Vuillermet, sumándose al
prolífico caudal informativo de la ávida comarca lectora. En 1884,
El Pueblo, controversial matutino punzando su propia historia en el
oficio de informar, con la dirección de los hermanos Juan José y
Alberto Biedma. José Boix y Domingo Bagur presentan en 1894, con
redacción en Viedma el bisemanal Nueva Era y El Ferrocarril en
1899, de muy escasa circulación.

Es grande nuestra satisfacción
al haber realizado por vez primera, una de las necesidades más
palpitantes dada la muestra de adelanto y cultura social de estos
pueblos y tanto mayor será la que nos deberá causar si logramos
arrancar de la opinión, un voto de simpatía que aliente nuestro
espíritu fervoroso.
Hoy es una fecha memorable para ambos pueblos. Ella deberá marcar
los primeros pasos dados en pro de su adelanto literario; hará época
en la marcha triunfal desde su autonomía.
Las columnas del Río Negro, estarán abiertas para todo aquél que
desee abrir juicios, ya sea económicos, científicos o literarios,
asumiendo la responsabilidad de sus ideas y de sus actos y siempre
que la naturaleza de ellos, entre en la esfera que le corresponde a
una prensa moral, culta y elevada.
Se condenará con imparcialidad, todo lo que este basado fuera de la
equidad y de la justicia en perjuicio de la sociedad, afectando los
intereses comunes como aquéllos que a nombre de la libertad asombren
o inquieten el espíritu público con perturbaciones criminales.
Al enviar nuestro saludo a la prensa de Buenos Aires, cumplimos con
el deber de agradecer las benévolas palabras que anunciaban nuestra
salida.
Agradecemos también a las personas que, de una manera tan espontánea
como desinteresada, se han ofrecido para agentes en algunos puntos y
aquéllos que han contribuido con sus esfuerzos, para obtener el mayor
número de suscriptores.
El Río Negro. Semanario Noticioso, Mercantil y Literario.
Junio 15
de 1879. Año I - Nº I
Mercedes de Viedma. Primera Edición.
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"Yo
odio la farsa decía cierto político local, con semblante
mojigato y otro que en la reunión había, lo miró y le dijo:
ingrato" |
El Río
Negro
Semanario Noticioso,
Político, Mercantil y Literario
1880


El 14 de mayo de 1884, Juan
José y Alberto Biedma, ingresaron a la exigente actividad de
informar, con la presentación del periódico de su propiedad El
Pueblo. Con una circulación bisemanal en Carmen de Patagones y anexando
Viedma en la distribucion, ofrecía formato prolijo, depurada
diagramación y a cuatro columnas. La venta como era usual en
aquéllos días, aplicaba el sistema de suscripción con entrega en puerta y números sueltos, solamente en la oficinas del matutino.
La propuesta del periódico desde los inicios no
se hizo esperar y de la mano de sus editoriales, conjunción de
advertencia y denuncia, rápidamente se transformó en mezcla
explosiva que llegaba al público lector, como un golpe imprevisto a su
capacidad de lectura y asombro.
Ajeno El Pueblo al incienso de la adulación,
aplicó una cruzada embanderada contra impunidad de algunos manejos
administrativos, el latrocinio y la arbitrariedad, en una logística
apuntada directamente a las autoridades de Patagones.
El Pueblo esencialmente liberal –no se calló de
nada- equivocado o no, era obvio que una desprolijidad con ideas de
esta naturaleza, le causaría una suerte de cruzada inquisitoria a
sus propietarios.
Efectivamente, muchos serían los cambios de
locación ya sea a la ribera viedmense y regreso, de acuerdo al ánimo
y capacidad indulgente de las autoridades, con ojos atentos a los
artículos de fondo. En la edición del 13 de mayo de 1885, a un día
de cumplir el primer aniversario, los Biedma arremetieron con una
editorial recriminando “ a todos los que le auguraron un término de
existencia muy corto”. Nada novedoso por cierto, ya que este perfil
contestatario no abandonaría la característica medular del
periódico, hasta su desaparición por voluntad de sus dueños.
El febrero de 1889, Juan José Viedma copropietario, dejaría el El Pueblo para radicarse en la ciudad de
Buenos Aires, prosiguiendo una intensa carrera cultural.
Su hermano Alberto, continuaría al frente hasta
1904, abrochando la última edición con 20 años de vigencia a
cuestas, desde su aparición en 1884. El Pueblo, periódico mercantil y noticioso, se
encolumnó como tantos otros que afloraron en el país, ejerciendo
ideas donde la canalización de las vocaciones políticas emergió
conformando variados gustos, a través de un estilo visceral aliado a
la denuncia y seduciendo a un vasto sector
de suscriptores.
El tiempo irreversible, determinaría
gradualmente su ocaso a pesar que nunca desaceleró sus advertencias
explícitas o implícitas, prosiguiendo con su ingente cabalgata de
disconformidad, por los funcionarios locales, el clero y algunos
vecinos castigados por la mordaz pluma del editor.

“No sólo es el acero el que avasalla o el yugo
que rompe infecundos lazos; no tan sólo el cañón hace pedazos el
valladar de fúnebre muralla. La imprenta desmorona sin metralla, los que
otros no derriban a balazos. La imprenta es un gigante de mil
brazos, que gana cada día una batalla. Grandes victorias el saber le debe, ella da
vuelo a lo que el hombre inventa y a los pueblos sin cesar
conmueve. Este siglo es de lucha y de tormenta…las
batallas del siglo XX, las ganan los soldados de la imprenta.
El
Pueblo, Periódico Mercantil y Noticioso.
28 de diciembre de 1884.
"Todos los pillos, todos lo que algo temen de la prensa libre e
independiente, andaban alborozados en la creencia que El Pueblo
desaparecería totalmente, hasta el Intendente cuando esto supo,
pretendió bailar la jota."
Pero triste desencanto, El Pueblo sólo cambia
de dirección y redacción, continuará como hasta el presente, siendo
el fiel defensor de los intereses y derechos de Patagones. Adiós bella esperanza lisonjera, pueden
exclamar los que ya cantaban.”
El Pueblo, Periódico Mercantil y Noticioso.
2
de marzo de 1894.
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“Hay que
saber diferenciarse de esos políticos que todos los días se
retratan” |
El Pueblo
Periódico
Mercantil y Noticioso
1899

A fuerza de pregoneros conchabados por horas,
los comercios importantes de antaño ofrecían in voce, las ofertas de
temporada recorriendo las terradas calles y en la contratapa de la
vida cotidiana, la competencia se encontró en las esquinas con el
vendedor de frutas, el voceo de los verduleros y el fabricante de
plumeros.
Pintorescos personajes afiliados al madrugón
callejero, que a puro anuncio oral popularizaron sudando entre tantos
otros competidores el despertar del aviso impreso, terreno del gacetín y el semanario noticioso,
generalizando a chorros de tinta, un bazar de anuncios prolijamente
surtido en las columnas de las ediciones.
Mientras Bartolomé Mitre escribía en 1870, que
“el aviso no es otra cosa que la publicidad aplicada a la oferta y
la demanda” los comerciantes probaron el sabor progresista del país
y los periódicos superaron las expectativas añadiendo el suplemento
comercial, apostando al crecimiento del rubro anuncios.
Con insólita amplitud y a página entera, los grandes almacenes
acuñaron en papel, frases vendedoras entre realizaciones sin
precedentes, dirigidas a la atención colectiva
mientras la ilustración hizo el resto, dibujando ofertas en esa
dualidad formidable de prensa y publicidad, alimentada de enorme
creatividad Viedma y Carmen de Patagones también receptaron
la modalidad, y el Semanario de los hermanos Julio y Bernardo
Guimaraens, en la edición presentación del 15 de junio de 1879,
imprimieron una corta lista de avisos, la primera en los anales de
la prensa vernácula.
Apenas una docena de breves anuncios,
amortizaron en partes los gastos de imprenta para alimentar las
expectativas mercantiles del rubro, pulseando las necesidades de los
vecinos a la hora de acercarse al mostrador del consumo.
A través de la innovación gráfica, la vida
costumbrista y cotidiana se miraron entre sí y hoy a más de un
siglo, nos permite recorrer negocios, establecimientos, hoteles y
bares desaparecidos, más conocidos por el nombre de los propietarios,
que por sus especialidades y honrados servicios entre las economías
populares de ambos pueblos.

En este establecimiento se encuentra un surtido
completo de medicamentos, drogas, especialidades, pomadas para sacar
las manchas de la cara, bragueros, tristeles de todas las clases,
pastillas pectorales. Jarabes para la tos de las criaturas, polvos
para suavizar el cutis y aceite de bacalao. La enfermedades venéreas
se curan en un corto espacio de tiempo, con el tratamiento especial
de Langlebert.
El Río Negro.
1879

Se ha perdido en el río a la altura de Fortín
Invencible, el techo del carrito con los elásticos pertenecientes al
señor Kincaid. La persona que de noticias en lo del señor Bertorello,
recibirá 200 pesos de gratificación.
Id.

En esta casa encontrarán
almuerzos, comidas y cenas a toda hora y a precios módicos. En la
misma casa hay peluquería.
Id.

En la casa de Thomsen y Cia. en el
pueblo de Mercedes de Viedma, se encuentra a cualquier hora del día
y especialmente los domingos, una confortable comida. Hay además
toda clase de juegos y entretenimientos. Se reúne en este lugar, una sociedad selectiva.
Id.

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CAPITULO 2
INFORMA EL RÍO NEGRO
“Muy pronto este
periódico debe aparecer con mayor formato. Se ha mandado a pedir
a Buenos Aires, un catálogo a la casa Ángel Estrada para un
pedido de variedad de tipos. Sólo se necesitará después, hacer
construir una casa en el centro del río para que sus lectores
sepan una vez más, quién es el verdadero defensor de ambos
pueblos”.
Agosto 8 de 1880
El Río Negro
“El director del
periódico El Río Negro, verdadero Órgano de los Intereses de
Ambos Pueblos, Semanario Noticioso, Mercantil y Literario, viene
a solicitar señor vecino, su valiosa cooperación pidiendo se
digne suscribir un ejemplar de esta publicación.
Esta institución está fundada a fuerza de grandes sacrificios y
hoy cuenta con un débil apoyo por parte de ambas poblaciones, y
esa ingratitud la obligará a descender del escenario de la
prensa argentina.
Inútil sería encarecer esta religión civilizadora escrita,
cuando la historia nos demuestra con la evidencia los hechos, y
la eficacia proficua que ha tenido en cada país procurando el
progreso en todas sus fases.
Es de esta institución de la cuál dependen los progresos, por
ser la palanca de Arquímedes con la que se mueve y se
transporta el mundo intelectual, sirviendo de mensajería de las
ideas y propagando los conocimientos. A ella le debe el mundo
sus adelantos, le debe su civilización, le deberá su porvenir.
Todas las clases de la sociedad reclaman su apoyo, porque ella
constituye el primer elemento de la vida activa social, y sin
ella el mundo permanecería estacionario y en contramarcha al
cumplimiento de sus destinos.
Para llevar a término esta feliz empresa de utilidad pública,
ruego a Ud. se digne a formar parte de sus favorecedores, en la
confianza que esta publicación tendrá por norma, la senda del
orden y de la moral.”
Julio Guimaraens
Febrero 8 de 1880
Circular al vecindario de Carmen de Patagones y Viedma de la
Patagonia.

Elocuente don Julio
Guimaraens, copropietario del periódico El Río Negro, con un
prolijo barniz intelectual sorprendió en aquél cálido domingo de
febrero, panfleteando ambos pueblos formalizando un pedido a la
población en pos de su confianza y apoyo a la compleja empresa
de informar.
Para los propietarios era un asunto de alta trascendencia y la
línea divisoria entre la continuidad y el fracaso, se traducía
semanalmente en la escasa venta y la publicidad esquiva.
Pretendiendo mantener activo el carácter del semanario, varias
fueron las circulares buscando el efecto solidario de la
población, para conservar vivo el sentido del periodismo libre y
el mérito que representa un órgano de prensa, como balcón
público de opinión y expresión escrita.
Diferente sería la actitud de los propietarios del periódico El
Pueblo, que en años posteriores se despacharon enmarcando una
lacerada advertencia a esquivo lector proclive a la frecuente
morosidad.
“Le prevenimos al
suscriptor que se ha borrado y que tan malamente ha recibido al
repartidor cuando le fue a cobrar, que le damos plazo de 30 días
para abonar la cuenta que tiene con esta imprenta por
suscripción al periódico.
Si en este plazo no abona, ya verá su nombre en letras bien
notables en las columnas de nuestro periódico”.
Setiembre 28 de 1884
El Pueblo
Un mes mas tarde leemos
en otro colérico destacado del Pueblo, severo de rotundidad
campaneando un aviso en donde todo no esta dicho y se lanza en
escuetas líneas afirmando qué: “Por personas que nos merecen
entera confianza, hemos sabido que el domingo pasado, han sido
robados y muchos de una casa de negocios, los periódicos La
Patagonia y El Pueblo.
Le prevenimos no sigan en la tarea, porque hemos de publicar sus
nombres. Si tanto desean tener ejemplares, suscríbanse en vez de
constituirse en rascas”.
Octubre 5 de 1884
El Pueblo
APARECE
EL PERIÓDICO LA RAZÓN
“Al dar a luz el primer
número del periódico La Razón, debemos una palabra al público y
a nuestros lectores.
La Razón ha salido hoy sin habernos sido posible hacer conocer
al ilustrado vecino, el programa que ha trazado para su marcha.
La Dirección se obliga ante sus suscriptores, a imprimirle un
camino que corresponda en lo posible a las exigencias de la
localidad, sin tener otro norte que servirle fielmente y
propender por todos los medios a su alcance, para hacerse oír
por las autoridades a fin que tomen todas aquéllas medidas
necesarias e indispensables para el bien de la comunidad.
Las columnas de La Razón, excluyen formalmente toda discusión
personal y si alguna vez se ve obligada atacar algún funcionario
público, lo hará con firmeza pero jamás se manchará tocando la
vida privada de nadie, pues comprende que ella debe ser sagrada.
Toda discusión será mantenida con cultura, sin descender jamás
al terreno de las personalidades, teniendo presente que sólo la
discusión culta y razonada es provechosa.
La Razón, pone sus columnas a disposición de todo aquél vecino
que deseando el adelanto de Viedma y Carmen de Patagones, quiera
hacer conocer públicamente sus ideas sobre cualquier mejora, que
a su juicio pueda llevarse a cabo, ya sea por el vecindario o
por las autoridades locales”.
Diciembre 17 de 1881
Año I Número I
La Razón

A DIEZ CENTAVOS EL EJEMPLAR
En el mes de abril de
1883, ganaba las calles de Carmen de Patagones y Viedma, el
periódico Semanal, Político, Literario, Noticioso y Mercantil La
Patagonia, con administración y dirección del activo vecino don
César Vuillermet.
Crítico en sus columnas cuando las circunstancias lo
requirieron, entre anhelos imperativos frente a los temas
estancos económicos y sociales locales, La Patagonia aún en su
corta existencia, se enlistó con interesantes editoriales de
opinión y una aproximación para comprender a mas de un siglo,
las preocupaciones cotidianas y consecuentes de ambos pueblos.
Sin poder modular los alcances de los costos económicos y la
regularidad de las partidas de papel para su impresión, cerró
sus puertas en 1884.
AVISOS
Y COMUNICADOS
Los pobres de solemnidad
que encontrándose enfermos no puedan proporcionarse los
medicamentos, se presentarán a este Juzgado donde después de
reconocida su falta de recursos, se les autorizará para que las
recetas sean despachadas gratis en la Botica del Carmen.
Noviembre 30 de 1879
El Río Negro
La primera obra impresa
en Patagones le ha sido encomendada a esta imprenta, siendo la
misma la Memoria de la Asociación Española de Socorros Mutuos
correspondiente al año 1879.
Es un trabajo que hará honor a este establecimiento y
particularmente a sus operarios donde podrán demostrar sus
buenas dotes tipográficas. La dirección estará a cargo del señor
César Vuillermet.
Enero 18 de 1880
El Río Negro

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