AWARDS - PREMIOS
 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 
 

 

 

 

      

Buscando  la verosimilitud del dintorno, de un tiempo que se cerró en la bisagra del siglo, las páginas frágiles y amarillentas de los viejos periódicos aún despuntan en un correlato ilustrativo, la noción de lo que fue.
A estas intenciones entre curiosas crónicas emerge un punto inicial para hurgar con óptica libre el pueblo de antaño, rescatando alusiones del ambiente originario y los caracteres coetáneos.
Condicionadas por los límites que la naturaleza impuso, donde las distancias se aquerenciaron a los silencios y la idealización del progreso se confundió con la abstracción de la duda, el vecindario apretado al caserío y la áspera seducción del puerto, fueron dibujando una vida costumbrista significativa, abrazada al telón de infinitas leguas, mientras el trabajo con las manos en la tierra, se entendieron despertando sentimientos.
La campaña militar de 1879, sirvió de señuelo para tender una bandeja improvisada de ilusiones al melancólico inmigrante, que terminó aceptándola en audaz patriada, buscando un rincón donde aferrarse correteando entre la milicia y el gauchaje por la gran tienda fronteriza, afrontando un destino aferrado a lo imprevisible y lejos de todo.
Separadas por el río Negro, Carmen de Patagones y Viedma herederas de un cruce de de circunstancias históricas, el naciente cambio del país las sorprendió entre la expedición del desierto y el drama del indio vencido, queriendo despedir lo rústico en una apuesta con el desarrollo, mientras la organización territorial ensayaba sus aptitudes en la geografía patagónica.
El periodismo primigenio con patente local, irrumpía en la población como producto de los nuevos tiempos, trayendo realidades, satisfaciendo curiosidades y examinando con opinión conciliatoria y a veces tumultuosa, el temperamento político y administrativo de turno, en una sociedad donde el pasado era aún autobiográfico e inmerso, en  modalidades propias.
Vestido de semanario o gacetín, con precarias páginas, la prensa de los primeros años crecería para encontrarse con el compromiso, reflejando a su manera las falencias gubernamentales, el caudillaje local, el arrabal presuntuoso y el cuestionamiento sincerado de un lento progreso plagado de promesas.
El problema educacional encrucijada de deserción y desinterés, fueron prédica para encontrar soluciones y las postulaciones liberales y clericales, tomaron sus posiciones impregnadas de advertencias y discursos orientadores.
Las noticias venidas del norte con sabor porteño, se imprimieron en columnas preferenciales y las internacionales encontraron espacio, apenas compitiendo con los diarios fuertes de la capital cosmopolita, que solían llegar al puerto de Patagones con una providencial quincena de retraso.
Modelo de una época, los periódicos cedieron algunas columnas al intervalo literario y didáctico, con un lugar para el noviciado de poetas domésticos, amparados por el seudónimo de una bohemia incipiente pero nunca ausente.
Por suscripción o al mostrador de imprenta, los ejemplares ganaban las calles a precio de centavos, en tirada diurna y semanal,  panfleteando noticias y arrobando ideas al curioso adquirente, displicente a los lectores de perfil y opinólogos pedestres, en la quieta vida del pueblo material de 1879 y años sucesivos.    

                       

El tipo de preferencias en el ejercicio de la lectura inclinaban por aquéllos años, una balanza marcadamente favorable a los periódicos, mientras el sonoro portazo del pensamiento positivista, hacia rodar las viejas ideas y el advenimiento del proyecto modernista acompañando el proceso administrativo nacional, se cubría de un telón europeizante copiando modelos del progreso en el viejo mundo.
La prensa daría paso a la industria cultural, alineando autores con el protagonismo de escritores y poetas concienzudos, por una nueva Argentina y otros impregnados de estilo y tinta redentora, buscando restaurar los colores auténticos del país genuino y tradicionalista.
Grupos que harían punta en las redacciones, acompañando con oficio la actividad periodística, prestigiando las secciones afianzadas por la efectividad del talento.
El periodismo apuraría su punto de fractura, dejando de ser exclusivamente un diarismo patrimonial de los partidos políticos exacerbados por el ruido de la militancia, pero aún sin perder connotaciones y tendencias, se encolumnarían definitivamente en la opinión, la información y el eco popular.
Con un Congreso Nacional en el pináculo de los grandes momentos en hombres y pensamientos, los temas parlamentarios imperarían en la sección política, cronicando un tiempo irrepetible de debates enfundados en el espectáculo de la oratoria. Permitiendo que el heterogéneo público lector asumiera a través del texto efectivo y el comentario, un verdadero status de ser - opinión pública - ejercitando en la tertulia cotidiana, la coincidencia o la discrepancia con sabor republicano.
A fines de 1881, existían en el país más de 165 periódicos, pulsando las calles en ediciones matutinas y vespertinas, a diario o semanalmente, en mano o por suscripciones.
Buenos Aires contaba con 40 imprentas de mayor o menor tamaño y los tipógrafos (inolvidables cajistas) alcanzarían preponderancia en el cosmopolitismo asalariado, en un oficio solícito y bien remunerado.
El papel importado para las impresiones dejaría de ser un elemento costoso, cuando la papelera La Argentina con fábrica en el pueblo de Zárate, lanzó los primeros rollos industria nacional, y para 1882 un peso pesado del periodismo convocante, La Prensa fundada por José C. Paz en 1869, adquiría maquinaria europea Marinoni, dejando boquiabierta a la competencia.
La tecnología de las comunicaciones, incorporaba el servicio telegráfico con Europa a través de la agencia Havas y posteriormente el Telegráfico Andino en un nexo regional, despachaba con eficiencia una cabalgata de noticias, que los periódicos imprimían satisfaciendo la demanda de los lectores.
Varios fueron los diarios que ostentaron un copete tradicional impuesto por los años y que fueron perdiendo vigencia, oscurecidos por las flamantes noveles corrientes de la prensa, quedando en la memoria y en las páginas de los archivos vernáculos.
Adelantados a su propia época, surge en justa añoranza, El Nacional fundado en 1852, con dos exitosas ediciones diarias, siempre apegadas a la sobremesa del café noctámbulo como ingrediente de la tertulia política.
En sus columnas colaboraron Mitre, Vélez Sarsfield y Pellegrini; Alberdi en forma seriada publicó sus Bases y Sarmiento las Cartas contra Urquiza. El Nacional cerró definitivamente su historial en 1893.
Y así entre gustos y preferencias circularon por la gran metrópoli, La Tribuna de los Varela por treinta años, con placa de fundación en 1853. La Unión, un esfuerzo de Santiago de Estrada, Emilio Lamarca, Navarro Viola y Alejo de Nevares, inclinados por la problemática educacional y portavoz de las letras y el movimiento teatral.
El Censor de Belin Sarmiento, La Voz de la Iglesia, Fígaro y Sudamérica figurando en su prolífica redacción Paul Groussac y Lucio V. López; El Diario de Manuel Mujica Laínez, The Standard con espíritu anglófilo, La Prensa de los Paz y La Nación de Bartolomé Mitre sustituyendo a partir de 1870, La Nación Argentina, el periódico de los Gutiérrez, entre tantos otros con variadas suertes.

Orgulloso decano de la prensa patagónica, fundado en el pueblo Viedma por los hermanos Julio y Bernardo Guimaraens, ganó las calles con la presentación de su primer número dominical, el  día 15 de junio de 1879.
Con el tiempo ganaría consenso buscando la certidumbre a través de la noticia, en un estilo informal pulsando los avatares de la época y soportando alguna advertencia política, durante la gestión del gobernador Álvaro Barros. Suficientemente convocante para que el periódico y sus propietarios emprendieran un forzado éxodo a la orilla opuesta, radicándose una temporada en Carmen de Patagones.
Anecdóticos días, cuando el Semanario por carencia de partidas de papel blanco, imprimieron la edición en color celeste y otras en rosado. No menos conflictivo fue la recurrente ausencia del tipógrafo, que hizo de la premura acostumbrada en la redacción, la demora como vocación circunstancial, entre tirajes irregulares y excesivamente atrasados.
Los Guimaraens continuaron al frente del periódico hasta el número 390, con fecha l8 de abril de 1880, alejándose definitivamente con rumbo a Bahía Blanca . Concluida la generación fundante, imprenta y semanario formaron parte de una Sociedad Anónima, con la dirección del joven vecino y procurador César Vuillermet, reapareciendo El Río Negro en Viedma, con la presentación auspiciosa del número 40, fechado el 25 de abril de 1880 y continuando hasta el 13 de marzo de 188l.
Ausente por más de un año, volvería a encontrarse con el público lector, el 4 de junio de 1882, siempre bajo la conducción de Vuillermet, en una segunda época, hasta el cierre definitivo el 25 de mayo de 1883.
Desde aquéllas modestas páginas abriendo camino a la  prensa territorial, emergen en una lectura minuciosa, invalorables editoriales donde perduran testimoniales, acontecimientos y nombres ligados indefectiblemente al pasado de la región, con sus compromisos, realidades y conflictos.
En la sucesión de los años, aparecerían otros periódicos de mayor o menor vigencia en ambos pueblos, encolumnados tras el suceso del pionero Río Negro de los Guimaraens.
Fueron de la partida, El Eco de Patagones de Vuillermet en 1881, El Independiente de Diego López y luego La Razón, con apenas algunos números.
Aparece en 1882, El  Combate de Domingo Pita, el semanario La Patagonia  en 1883 del incansable César Vuillermet, sumándose al prolífico caudal informativo de la ávida comarca lectora. En 1884, El Pueblo, controversial matutino punzando su propia historia en el oficio de informar, con la dirección de los hermanos Juan José y Alberto Biedma. José Boix y Domingo Bagur presentan en 1894, con redacción en Viedma el bisemanal Nueva Era y  El Ferrocarril en 1899, de muy escasa circulación.

Es grande nuestra satisfacción al haber realizado por vez primera, una de las necesidades más palpitantes dada la muestra de adelanto y cultura social de estos pueblos y tanto mayor será la que nos deberá causar si logramos arrancar de la opinión, un voto de simpatía que aliente nuestro espíritu fervoroso.
Hoy es una fecha memorable para ambos pueblos. Ella deberá marcar los primeros pasos dados en pro de su adelanto literario; hará época en la marcha triunfal desde su autonomía.
Las columnas del Río Negro, estarán abiertas para todo aquél que desee abrir juicios, ya sea económicos, científicos o literarios, asumiendo la responsabilidad de sus ideas y de sus actos y siempre que la naturaleza de ellos, entre en la esfera que le corresponde a una prensa moral, culta y elevada.
Se condenará con imparcialidad, todo lo que este basado fuera de la equidad y de la justicia en perjuicio de la sociedad, afectando los intereses comunes como aquéllos que a nombre de la libertad asombren o inquieten el espíritu público con perturbaciones criminales.
Al enviar nuestro saludo a la prensa de Buenos Aires, cumplimos con el deber de agradecer las benévolas palabras que anunciaban nuestra salida.
Agradecemos también a las personas que, de una manera tan espontánea como desinteresada, se han ofrecido para agentes en algunos puntos y aquéllos que han contribuido con sus esfuerzos, para obtener el mayor número de suscriptores.
El Río Negro. Semanario Noticioso, Mercantil y Literario.
Junio 15 de 1879. Año I - Nº I
Mercedes de Viedma. Primera Edición.
 

"Yo odio la farsa decía cierto político local, con semblante mojigato y otro que en la reunión había, lo miró y le dijo: ingrato"

El Río Negro
Semanario Noticioso, Político, Mercantil y Literario
1880

 

El 14 de mayo de 1884, Juan José y Alberto Biedma, ingresaron a la exigente actividad de informar, con la presentación del periódico de su propiedad El Pueblo. Con una circulación bisemanal en Carmen de Patagones y anexando Viedma en la distribucion, ofrecía formato prolijo, depurada diagramación y a cuatro columnas. La venta como era usual en aquéllos días, aplicaba el sistema de suscripción con entrega en puerta y números sueltos, solamente en la oficinas del matutino.
La propuesta del periódico desde los inicios no se hizo esperar y de la mano de sus editoriales, conjunción de advertencia y denuncia, rápidamente se transformó en mezcla explosiva que llegaba al público lector, como un golpe imprevisto a su capacidad de lectura y asombro.
Ajeno El Pueblo al incienso de la adulación, aplicó una cruzada embanderada contra impunidad de algunos manejos administrativos, el latrocinio y la arbitrariedad, en una logística apuntada directamente a las autoridades de Patagones.
El Pueblo esencialmente liberal –no se calló de nada- equivocado o no, era obvio que una desprolijidad con ideas de esta naturaleza, le causaría una suerte de cruzada inquisitoria a sus propietarios.
Efectivamente, muchos serían los cambios de locación ya sea a la ribera viedmense y regreso, de acuerdo al ánimo y capacidad indulgente de las autoridades, con ojos atentos a los artículos de fondo. En la edición del 13 de mayo de 1885, a un día de cumplir el primer aniversario, los Biedma arremetieron con una editorial recriminando “ a todos los que le auguraron un término de existencia muy corto”. Nada novedoso por cierto, ya que este perfil contestatario no abandonaría la característica medular del periódico, hasta su desaparición por voluntad de sus dueños.
El febrero de 1889, Juan José Viedma copropietario, dejaría el El Pueblo para radicarse en la ciudad de Buenos Aires, prosiguiendo una intensa carrera cultural.
Su hermano Alberto, continuaría al frente hasta 1904, abrochando la última edición con 20 años de vigencia a cuestas, desde su  aparición en 1884. El Pueblo, periódico mercantil y noticioso, se encolumnó como tantos otros que afloraron en el país, ejerciendo ideas donde la canalización de las vocaciones políticas emergió conformando variados gustos, a través de un estilo visceral aliado a la denuncia y seduciendo a un vasto sector de suscriptores.
El tiempo irreversible, determinaría gradualmente su ocaso a pesar que nunca desaceleró sus advertencias explícitas o implícitas, prosiguiendo con su ingente cabalgata de disconformidad, por los funcionarios locales, el clero y algunos vecinos castigados por la mordaz pluma del editor.
 

“No sólo es el acero el que avasalla o el yugo que rompe infecundos lazos; no tan sólo el cañón hace pedazos el valladar de fúnebre muralla. La imprenta desmorona sin metralla, los que otros no derriban a balazos. La imprenta es un gigante de mil brazos,  que gana cada día una batalla. Grandes victorias el saber le debe, ella da vuelo a lo que el hombre inventa y a los pueblos sin cesar conmueve. Este siglo es de lucha y de tormenta…las batallas del siglo XX, las ganan los soldados de la imprenta.
El Pueblo, Periódico Mercantil y Noticioso.
28 de diciembre de 1884.

"Todos los pillos, todos lo que algo temen de la prensa libre e independiente, andaban alborozados en la creencia que El Pueblo desaparecería totalmente, hasta el Intendente cuando esto supo, pretendió bailar la jota."
Pero triste desencanto, El Pueblo sólo cambia de dirección y redacción, continuará como hasta el presente, siendo el fiel defensor de los intereses y derechos de Patagones. Adiós bella esperanza lisonjera, pueden exclamar los que ya cantaban.”
El Pueblo, Periódico Mercantil y Noticioso.
2 de marzo de 1894.
 

  “Hay que saber diferenciarse de esos políticos que todos los días se retratan”

El Pueblo
Periódico Mercantil y Noticioso
1899  

                                                                  

A fuerza de pregoneros conchabados por horas, los comercios importantes de antaño ofrecían in voce, las ofertas de temporada recorriendo las terradas calles y en la contratapa de la vida cotidiana, la competencia se encontró en las esquinas con el vendedor de frutas, el voceo de los verduleros y el fabricante de plumeros.
Pintorescos personajes afiliados al madrugón callejero, que a puro anuncio oral popularizaron sudando entre tantos otros competidores el despertar del aviso impreso, terreno del gacetín y el semanario noticioso, generalizando a chorros de tinta, un bazar de anuncios prolijamente surtido en las columnas de las ediciones.
Mientras Bartolomé Mitre escribía en 1870, que “el aviso no es otra cosa que la publicidad aplicada a la oferta y la demanda” los comerciantes probaron el sabor progresista del país y los periódicos superaron las expectativas añadiendo el suplemento comercial, apostando al crecimiento del rubro anuncios.
Con insólita amplitud y a página entera, los grandes almacenes acuñaron en papel, frases vendedoras entre realizaciones sin precedentes, dirigidas a la atención colectiva mientras la ilustración hizo el resto, dibujando ofertas en esa dualidad formidable de prensa y publicidad, alimentada de enorme creatividad Viedma y Carmen de Patagones también receptaron la modalidad, y el Semanario de los hermanos Julio y Bernardo Guimaraens, en la edición presentación del 15 de junio de 1879, imprimieron una corta lista de avisos, la primera en los anales de la prensa vernácula.
Apenas una docena de breves anuncios, amortizaron en partes los gastos de imprenta para alimentar las expectativas mercantiles del rubro, pulseando las necesidades de los vecinos a la hora de acercarse al mostrador del consumo.
A través de la innovación gráfica, la vida costumbrista y cotidiana se miraron entre sí  y hoy a más de un siglo, nos permite recorrer negocios, establecimientos, hoteles y bares desaparecidos, más conocidos por el nombre de los propietarios, que por sus especialidades y honrados servicios entre las economías populares de ambos pueblos.

 


En este establecimiento se encuentra un surtido completo de medicamentos, drogas, especialidades, pomadas para sacar las manchas de la cara, bragueros, tristeles de todas las clases, pastillas pectorales. Jarabes para la tos de las criaturas, polvos para suavizar el cutis y aceite de bacalao. La enfermedades venéreas se curan en un corto espacio de tiempo, con el tratamiento especial de Langlebert.
El Río Negro.
1879


Se ha perdido en el río a la altura de Fortín Invencible, el techo del carrito con los elásticos pertenecientes al señor Kincaid. La persona que de noticias en lo del señor Bertorello, recibirá 200 pesos de gratificación.
Id.

En esta casa encontrarán almuerzos, comidas y cenas a toda hora y a precios módicos. En la misma casa hay peluquería.
Id.


En la casa de Thomsen y Cia. en el pueblo de Mercedes de Viedma, se encuentra a cualquier hora del día y especialmente los domingos, una confortable comida. Hay además toda clase de juegos y entretenimientos. Se reúne en este lugar, una sociedad selectiva.
Id.                   

 

 

CAPITULO 2

 

                                              INFORMA EL RÍO NEGRO

“Muy pronto este periódico debe aparecer con mayor formato. Se ha mandado a pedir a Buenos Aires, un catálogo a la casa Ángel Estrada para un pedido de variedad de tipos. Sólo se necesitará después, hacer construir una casa en el centro del río para que sus lectores sepan una vez más, quién es el verdadero defensor de ambos pueblos”.
Agosto 8 de 1880
El Río Negro

“El director del periódico El Río Negro, verdadero Órgano de los Intereses de Ambos Pueblos, Semanario Noticioso, Mercantil y Literario, viene a solicitar señor vecino, su valiosa cooperación pidiendo se digne suscribir un ejemplar de esta publicación.
Esta institución está fundada a fuerza de grandes sacrificios y hoy cuenta con un débil apoyo por parte de ambas poblaciones, y esa ingratitud la obligará a descender del escenario de la prensa argentina.
Inútil sería encarecer esta religión civilizadora escrita, cuando la historia nos demuestra con la evidencia los hechos, y la eficacia proficua que ha tenido en cada país procurando el progreso en todas sus fases.
Es de esta institución de la cuál dependen los progresos, por ser la palanca de Arquímedes  con la que se mueve y se transporta el mundo intelectual, sirviendo de mensajería de las ideas y propagando los conocimientos. A ella le debe el mundo sus adelantos, le debe su civilización, le deberá su porvenir.
Todas las clases de la sociedad reclaman su apoyo, porque ella constituye el primer elemento de la vida activa social, y sin ella el mundo permanecería estacionario y en  contramarcha al cumplimiento de sus destinos.
Para llevar a término esta feliz empresa de utilidad pública, ruego a Ud. se digne a formar parte de sus favorecedores, en la confianza que esta publicación tendrá por norma, la senda del orden y de la moral.”

Julio Guimaraens
Febrero 8 de 1880
Circular al vecindario de Carmen de Patagones y Viedma de la Patagonia.

 

Elocuente don Julio Guimaraens, copropietario del periódico El Río Negro, con un prolijo barniz intelectual sorprendió en aquél cálido domingo de febrero, panfleteando ambos pueblos formalizando un pedido a la población en pos de su confianza y apoyo a la compleja empresa de informar.
Para los propietarios era un asunto de alta trascendencia y la línea divisoria entre la continuidad y el fracaso, se traducía semanalmente en la escasa venta y la publicidad esquiva.
Pretendiendo mantener activo el carácter del semanario, varias fueron las circulares buscando el efecto solidario de la población, para conservar vivo el sentido del periodismo libre y el mérito que representa un órgano de prensa, como balcón público de opinión y expresión escrita.
Diferente sería la actitud de los propietarios del periódico El Pueblo, que en años posteriores se despacharon enmarcando una lacerada advertencia  a esquivo lector proclive a la frecuente morosidad.

“Le prevenimos al suscriptor que se ha borrado y que tan malamente ha recibido al repartidor cuando le fue a cobrar, que le damos plazo de 30 días para abonar la cuenta que tiene con esta imprenta por suscripción al periódico.
Si en este plazo no abona, ya verá su nombre en letras bien notables en las columnas de nuestro periódico”.

Setiembre 28 de 1884
El Pueblo

Un mes mas tarde leemos en otro colérico destacado del Pueblo, severo de rotundidad campaneando un aviso en donde todo no esta dicho y se lanza en escuetas líneas afirmando qué: “Por personas que nos merecen entera confianza, hemos sabido que el domingo pasado, han sido robados y muchos de una casa de negocios, los periódicos La Patagonia y El Pueblo.
Le prevenimos no sigan en la tarea, porque hemos de publicar sus nombres. Si tanto desean tener ejemplares, suscríbanse en vez de constituirse en rascas”.

Octubre 5 de 1884
El Pueblo

APARECE EL PERIÓDICO LA RAZÓN

 

“Al dar a luz el primer número del periódico La Razón, debemos una palabra al público y a nuestros lectores.
La Razón ha salido hoy sin habernos sido posible hacer conocer al ilustrado vecino, el programa que ha trazado para su marcha.
La Dirección se obliga ante sus suscriptores, a imprimirle un camino que corresponda en lo posible a las exigencias de la localidad, sin tener otro norte que servirle fielmente y propender por todos los medios a su alcance, para hacerse oír por las autoridades a fin que tomen todas aquéllas medidas necesarias e indispensables para el bien de la comunidad.
Las columnas de La Razón, excluyen formalmente toda discusión personal y si alguna vez se ve obligada atacar algún funcionario público, lo hará con firmeza pero jamás se manchará tocando la vida privada de nadie, pues comprende que ella debe ser sagrada.
Toda discusión será mantenida con cultura, sin descender jamás al terreno de las personalidades, teniendo presente que sólo la discusión culta y razonada es provechosa.
La Razón, pone sus columnas a disposición de todo aquél vecino que deseando el adelanto de Viedma y Carmen de Patagones, quiera hacer conocer públicamente sus ideas sobre cualquier mejora, que a su juicio pueda llevarse a cabo, ya sea por el vecindario o por las autoridades locales”.

Diciembre 17 de 1881
Año I  Número I
La Razón

A DIEZ CENTAVOS EL EJEMPLAR

                                            

En el mes de abril de 1883, ganaba las calles de Carmen de Patagones y Viedma, el periódico Semanal, Político, Literario, Noticioso y Mercantil La Patagonia, con administración y dirección del activo vecino don César Vuillermet.
Crítico en sus columnas cuando las circunstancias lo requirieron, entre anhelos imperativos frente a los temas estancos económicos y sociales locales, La Patagonia aún en su corta existencia, se enlistó con interesantes editoriales de opinión y una aproximación para comprender a mas de un siglo, las preocupaciones cotidianas y consecuentes de ambos pueblos.
Sin poder modular los alcances de los costos económicos y la regularidad de las partidas de papel para su impresión, cerró sus puertas en 1884.

 

AVISOS Y COMUNICADOS

 

Los pobres de solemnidad que encontrándose enfermos no puedan proporcionarse los medicamentos, se presentarán a este Juzgado donde después de reconocida su falta de recursos, se les autorizará para que las recetas sean despachadas gratis en la Botica del Carmen.

Noviembre 30 de 1879
El Río Negro

  

La primera obra impresa en Patagones le ha sido encomendada a esta imprenta, siendo la misma la Memoria de la Asociación Española de Socorros Mutuos correspondiente al año 1879.
Es un trabajo que hará honor a este establecimiento y particularmente a sus operarios donde podrán demostrar sus buenas dotes tipográficas. La dirección estará a cargo del señor César Vuillermet.

Enero 18 de 1880
El Río Negro